Reforma previsional

Reforma previsional: cómo cambiará el sistema de pensiones chileno en 2025

La reforma previsional chilena de 2025 marca un punto de inflexión: el sistema mixto con pilar solidario ya es ley, y sus efectos comienzan a sentirse en los bolsillos y en las conversaciones de sobremesa. No es una promesa, es una reconfiguración estructural.

En nuestro país, hablar de pensiones es como abrir una caja de Pandora con olor a AFP. Desde hace décadas, el sistema previsional ha sido objeto de críticas, marchas, promesas y frustraciones. Pero en 2025, tras años de debates estériles y reformas a medias, el país finalmente cruzó el umbral: la reforma previsional fue aprobada, promulgada y comenzó a implementarse. No es perfecta, pero es real. Y eso, en política pública, ya es una rareza.

Un sistema mixto que no borra el pasado, pero lo reescribe

La nueva arquitectura previsional no elimina las Administradoras de Fondos de Pensiones, pero les quita el monopolio. A partir de la Ley N° 21.735, publicada en marzo de 2025, se establece un sistema mixto que combina cuentas individuales con un pilar solidario financiado por los empleadores. El objetivo es corregir las desigualdades estructurales del modelo anterior sin dinamitarlo por completo.

El detalle está en los porcentajes: el trabajador sigue cotizando el 10% de su sueldo imponible, pero el empleador ahora aporta un 6% adicional. De ese 6%, el 1% se destina a un nuevo Seguro Social, que financia beneficios redistributivos, y el resto va a cuentas personales administradas por entidades públicas o privadas, a elección del afiliado.

¿Qué cambia para quienes ya están jubilados?

La reforma no se limita a los futuros pensionados. También incluye mejoras para quienes ya reciben una pensión. Desde agosto de 2025, comenzó a operar el Beneficio por Años Cotizados, que entrega hasta 2,5 UF mensuales adicionales a quienes hayan cotizado de forma continua durante su vida laboral. Es una forma de reconocer el esfuerzo sostenido, aunque más simbólica que transformadora.

Otro cambio relevante es la Compensación por Diferencia de Expectativa de Vida, que busca igualar las pensiones de mujeres y hombres al momento de jubilarse. Este beneficio se paga automáticamente a mujeres mayores de 65 años y se financia con parte del nuevo aporte patronal. Según información de BioBioChile, esta medida comenzará a aplicarse en enero de 2026.

El Seguro Social: una novedad con sabor a justicia

El corazón de la reforma es el Seguro Social. No es un fondo común sin rostro, sino un mecanismo que reconoce que no todos parten del mismo lugar. Su lógica es simple: quienes ganan más y cotizan más, aportan más; quienes tienen lagunas previsionales, reciben apoyo. Desde mayo de 2025, comenzó a operar el Seguro de Lagunas Previsionales, que protege a quienes han tenido períodos sin cotización por desempleo, informalidad o cuidado de terceros.

Este seguro no reemplaza las cuentas individuales, pero las complementa. Es un colchón, no una cama. Y aunque algunos sectores lo critican por “estatista”, lo cierto es que responde a una realidad insoslayable: el mercado laboral chileno es desigual, y pretender que todos coticen igual es una fantasía neoliberal que ya no se sostiene.

Tabla comparativa: antes y después de la reforma

Elemento del sistemaAntes de 2025Después de la reforma 2025
Cotización del trabajador10%10%
Aporte del empleador0%6% (1% al Seguro Social, 5% a cuenta individual)
AdministradorasSolo AFPAFP o inversores públicos
Pensión Garantizada Universal (PGU)$206.173 mensualesSe mantiene, con mejoras en cobertura
Beneficios solidariosLimitadosSeguro Social, compensaciones, beneficios por años cotizados
Igualdad de género en pensionesNo garantizadaCompensación por expectativa de vida

Fuente: Superintendencia de Pensiones

¿Y qué pasa con las AFP?

No desaparecen, pero pierden exclusividad. El afiliado podrá elegir entre una AFP tradicional o una entidad pública sin fines de lucro para administrar su 10% obligatorio. Esta competencia busca mejorar la rentabilidad y reducir las comisiones, aunque el tiempo dirá si la promesa se cumple.

El nuevo modelo también obliga a las AFP a separar la gestión de inversiones de la administración de cuentas, lo que busca evitar conflictos de interés. Es un cambio técnico, pero con implicancias profundas: por primera vez, se regula el negocio previsional desde una lógica de servicio, no solo de rentabilidad.

¿Quién gana y quién pierde?

La pregunta es incómoda, pero inevitable. Ganan quienes han cotizado de forma intermitente, las mujeres, los trabajadores informales que logren formalizarse, y quienes están por jubilarse con pensiones bajas. Pierden, en parte, los empleadores, que deben asumir un nuevo costo laboral. También pierden las AFP, que ven amenazada su hegemonía.

Pero más allá de ganadores y perdedores, lo que cambia es el relato. La vejez deja de ser un castigo para convertirse —al menos en el papel— en una etapa digna. Y eso, en un país donde la pensión promedio bordea los $260.000, no es poca cosa.

Testimonio: “Con esta reforma, mi pensión subió $80.000”

María Teresa, 68 años, jubilada desde 2021, recibió en septiembre su primer pago con el Beneficio por Años Cotizados. “No es una fortuna, pero me alcanza para los remedios sin tener que pedirle a mi hija. Por primera vez sentí que el Estado se acordó de mí”, dice desde su casa en San Bernardo.

Su caso no es aislado. Según datos del Ministerio del Trabajo, más de 400.000 personas recibirán algún tipo de mejora en su pensión durante 2025 gracias a la reforma. No es una revolución, pero sí un ajuste de cuentas con la historia.

¿Qué falta por implementar?

Aunque la ley ya está vigente, su implementación es gradual. El nuevo Seguro Social comenzará a pagar beneficios completos en enero de 2026. La elección entre administradoras públicas y privadas estará disponible desde marzo. Y la fiscalización del cumplimiento del aporte patronal aún enfrenta desafíos logísticos.

El sitio ChileAtiende ofrece un resumen claro de los cambios, con tutoriales, preguntas frecuentes y acceso al certificado del Seguro Social. Es una herramienta útil para entender qué le toca a cada quien.

Una reforma imperfecta, pero necesaria

La reforma previsional de 2025 no es un milagro. No elimina la pobreza en la vejez ni convierte a Chile en Dinamarca. Pero introduce un principio que parecía olvidado: la solidaridad. Y lo hace sin destruir lo que ya existe, sino sumando capas de protección.

En un país donde la desconfianza es moneda corriente, esta reforma es un acto de fe. En el Estado, en la política, en la posibilidad de que las cosas cambien. No por decreto, sino por decisión colectiva. Y aunque el camino recién comienza, al menos ya no estamos parados en el mismo lugar.